El personaje apareció en medio de un país extranjero, ajeno y desconocido, que denominó Gatatia por el aspecto felino, parecido a un gato, de sus habitantes.
No supo explicar cómo apareció en tan exótico entorno, ni cómo conseguían esos raros habitantes comunicarse con él sin problemas, pero eso era así y ni él mismo, tan racional la mayor parte del tiempo, pudo impedir la rendición a la evidencia. Eran, eso sí, seres pacíficos dedicados la mayor parte del día a dormir y descansar, aunque a veces entraban en ensueños de ojos abiertos que ellos denominaban, en ese lenguaje no emitido y no escuchado que él percibía, “entradas en el conocimiento”. Otras veces hablaban con él o entre sí de lecturas, películas, imágenes o ideas, con gran inteligencia y conocimiento de causa, por lo que dedujo que en esas extrañas ensoñaciones, los Gatatios, leían o iban al cine por telepatía o alguna otra técnica desconocida para nosotros.
En el suelo de Gatatia había plantas escondedoras o para rumiar cuando se es felino, también había pequeñas lagartijas para perseguir, mientras que por el aire volaban dulces mariposas o moscas de pequeño tamaño con las que hacer ejercicio.

Parecía Gatatia un sitio plácido para vivir pero el personaje regresó incomprensiblemente en un abrir y cerrar de ojos y se quedó varado de nuevo en la cotidianeidad terrestre sin poder regresar a su mundo-gato imaginado por más que lo intentase. Ahora vive con el afán de volver a Gatatia lo antes posible para indagar más cosas de esos maravillosos seres y compartir con ellos sus últimas vivencias en las múltiples entradas en el conocimiento que repite día a día tras el desayuno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario